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Cruzar el Niágara sin saber nadar

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Son muchas las circunstancias que cambian cuando la desilusión viene acompañada de tristeza. Se abre la puerta de la realidad, aquella que se mantenía a un centímetro de cerrarse. Nos paramos frente a la entrada y con un ojo cerrado, nos acercamos poco a poco. Como cuando éramos niños y creíamos que en la oscuridad habitaban monstruos. La falta de luz impide que podamos ver más allá. Y es que no nos percatamos de lo que ocurre alrededor.  Evadimos a nuestros seres queridos, nuestras amistades. Sí, esas personas que no podemos engañar, pues nos conocen hasta los respiros. Sonreímos de medio lado, en forma de un cuarto de media luna. ¿Sabes por qué?  No queremos entender que las nubes que se pensaban cerca, ya no están. Que el cielo que se miraba todos los días se cayó con todo y estrellas. Momentos inesperados, incontrolables, pero necesarios para crecer,  por más dolorosos y desgarradores. No obstante, el paso del tiempo hará que la neblina se d...

Congelado en el tiempo

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Algunas cosas no cambian y así lo afirmo. El paso del tiempo jamás logrará opacar o hacer que desaparezcan los sentimientos más nobles. Más bien, el girar de las manecillas del reloj hará que resalten y brillen con más fuerza. Puedo asegurar que las emociones que fueron inculcadas en la crianza, crecerán con la madurez. Aunque las circunstancias cambien, la expectativa por hacer y desear el bien jamás tomará otro rumbo. Cuando se piensa en los momentos felices, solo quieres que la vida restituya lo que un día se obsequió a manos llenas. Lo que das con amor se devuelve en bendiciones. Eso me enseñó mi madre, porque su intuición es la herencia más grande, pues es intangible. No habrá oscuridad que nuble la luz de su sabiduría.  La que ahora brilla con mayor esplendor, pues es el faro que me guía a diario. En el baúl de los recuerdos solo quedarán los buenos momentos, los llenos de alegría y ternura. Todo tiene un propósito y una enseñanza. El odio no per...

La luz de la libertad

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Encuentras luz cuando redescubres la libertad. La que se mantiene tenue cuando entregas todo. Dejas de ser tuyo para complementar la vida de otro. Cuando la misión se cumple, retomamos las riendas y reiniciamos otra etapa. Pero siempre con la misma sinceridad y nobleza. Aunque más juiciosos por la lección aprendida. Los viajes se convierten en una reconciliación con el yo interior. Los paisajes se aprecian distintos, aunque hayas estado en ese lugar cientos de veces.   Revalorizamos la inmensidad del cielo y ese calor que nos regala el Sr. Sol. Las noches se tornan igualmente mágicas, pues admiramos a la Sra. Luna cuando nos hipnotiza con toda su majestuosidad. Los colores de la naturaleza se asemejan a las pinceladas, perfectamente trazadas por el gran artista, el que nadie ve pero que se siente a cada instante. El aroma de las flores y los detalles de cada uno de sus pétalos. Y así, igualmente hermoso es el cántico de las aves. Para mí, el de un par de reinitas qu...

Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen

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La primera palabra pronunciada por Jesucristo en el momento en que estaba en la cruz. Escogió una expresión llena de amor, en lugar de la ira. Un sentimiento que pudo haber invadido su corazón hacia las personas que lo traicionaron y lo hirieron en lo más profundo de su ser. Manifestar la palabra perdón debe ir  acompañada  por la reflexión. Así como le sucedió a Jesús, el pueblo de Puerto Rico agoniza en la cruz del sufrimiento, la pobreza y el engaño.  Sufrimiento, porque padecemos las consecuencias de una culpa ajena, una responsabilidad atribuída por una Junta de Control Fiscal. La misma, integrada por siete miembros no electos, que toman decisiones por nosotras y nosotros. Los que fueron nombrados por el gobierno estadounidense que, desde que nos invadió hace más de cien años -119 para ser exacta- nos obliga a permanecer en un estado de inacción, provocado por la falta de definición ideológica.  Sufrimos porque se nos impone el pago de una deuda,...

Ruta trazada

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“Dejaré que el tiempo pase y ya veremos lo que trae” . Una frase escrita por el magistral Gabriel García Márquez, en su libro “Amor en los tiempos del Cólera” . Una oración corta, certera y esperanzadora.  El paso del tiempo trae ilusiones y recuerdos, algunos felices, otros dolorosos. Algunos martillan nuestra memoria para que reaccionemos y entendamos el por qué los vivimos.  Cuando la vida nos presenta lecciones agrias, sentimos que las manecillas del reloj giran lentamente.  Más que eso, que el tiempo se detiene y quedamos atrapados en una dimensión desconocida.   Son esos momentos los que deben ser reflexivos,  los que debemos usar para analizar cada paso que hemos dado. Es cuando nos percatamos que algunas decisiones no se tomaron a la ligera y que fueron el resultado de un cúmulo de situaciones. Muchas inmerecidas, que se presentaron sorpresivamente y que se amontonaron, igual que una pila de rocas en una cantera. Como cuando se usa dina...

Caminar sin voltearme

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¿Se puede caminar sin mirar atrás? Pues en realidad no es tan sencillo. Muchas veces una quisiera regresar al pasado y vivir momentos gratos. Como aquella época de infancia, cuya única preocupación era ser feliz con lo que se tenía a la mano.   Aunque no poseía muchos juguetes, no me hacían falta,  pues mi imaginación volaba a la velocidad de la luz. Me ayudaba el escenario: aquella finca de más de cien cuerdas, enclavada en las montañas del Otoao. En realidad, era o es un paraíso prometido que hoy está en buenas manos. ¡Qué aventuras, qué tiempos de intensidad emocional, travesuras y de inocencia! Y porque no, de aquel calorcito maternal que me arrullaba. Ese amor único que no sentiré jamás, pero que me hace suspirar de nostalgia cada vez que la recuerdo, pues ahora me mira desde arriba. Les cuento que en mi niñez tuve al mejor amigo, Morgan; un perro de raza collie. En casa nunca lo consideramos una mascota, era parte de la familia, pues entraba y salía como u...

In(mar)cesible

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La vida es un proceso evolutivo. Nacemos, crecemos y morimos. "Para piedra no nacimos Nati", me decía Rosita, mi madre. El intermedio es duro, intenso, pues aprendemos a golpes y no necesariamente los físicos. Como las olas del mar, las situaciones van y vienen. Algunas llegan para poner nuestro mundo de cabeza. Otras para llenarnos de alegría. En el momento que aprendemos de esa enseñanza, positiva o negativa, nos enriquecemos de nuevas experiencias. Pero cuando los problemas se alejan, sentimos alivio. Es como si dijéramos: ¡prueba superada! Por el contrario, desfallecemos cuando vemos partir la felicidad, lo más que amamos y daba sentido a nuestra vida. La misma que llenaba ese espacio interior y  hacía que nuestro corazón bombeara sangre a toda velocidad. Cuando queda ese hueco, pensamos que nada será igual y que la vida es injusta. Siendo honesta, ese pensamiento que nos martilla la cien: ¿por qué a mí coño? Ésta pregunta nos sacude cuando hacemos el bie...