Caminar sin voltearme
¿Se puede caminar sin mirar atrás? Pues en realidad no es tan sencillo. Muchas veces una quisiera regresar al pasado y vivir momentos gratos. Como aquella época de infancia, cuya única preocupación era ser feliz con lo que se tenía a la mano. Aunque no poseía muchos juguetes, no me hacían falta, pues mi imaginación volaba a la velocidad de la luz. Me ayudaba el escenario: aquella finca de más de cien cuerdas, enclavada en las montañas del Otoao. En realidad, era o es un paraíso prometido que hoy está en buenas manos. ¡Qué aventuras, qué tiempos de intensidad emocional, travesuras y de inocencia! Y porque no, de aquel calorcito maternal que me arrullaba. Ese amor único que no sentiré jamás, pero que me hace suspirar de nostalgia cada vez que la recuerdo, pues ahora me mira desde arriba. Les cuento que en mi niñez tuve al mejor amigo, Morgan; un perro de raza collie. En casa nunca lo consideramos una mascota, era parte de la familia, pues entraba y salía como u...