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Un crimen de lesa humanidad.

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Crecer, la idea de una inocencia que imagina el momento de una independencia lejos del nido familiar.   En mi niñez, en una de tantas conversaciones y debates con mis amigos imaginarios y los juguetes que colocaba en círculo conmigo en medio, les hablaba de ese momento: ser grande.  En esos coloquios, siempre estuvo Laura, la amiga que solo yo veía. Mi mente siempre viajaba en el tiempo y con mi inocencia, pensaba que tendría una gran familia y hasta nietos. Pero en ese escenario no faltaban mis inmortales. "Ahí estarán, papi y mami son eternos."  Cuando rezaba en las noches, momento que compartía con mi mamita,  mi primera petición era "Papá Dios, cuida a mis papás, que no se mueran ni se enfermen." Mi madre acariciaba mi frente, me persignaba y me daba mi beso de buenas noches. Mi infancia fue privilegiada. La vida me premió con la mejor familia. Si les pedía las nubes, mi papá hacía lo que fuera para concederme ese deseo. Estoy segura que hubiese buscado la forma...

Falta de educación y la deserción; males que no tienen límites territoriales.

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El Covid se unió a una lista de pandemias ya existentes en Puerto Rico.  La pobreza, el hambre, la violencia y la deserción escolar; males sociales que van en escalada y que a todas luces son el inicio del mar de problemas en mi isla.    Y es que dependiendo del entorno social,  los jóvenes optan por la salida más fácil, buscando una mejor calidad de vida para ellos y los suyos. Lamentable cegados por el dinero fácil, dejan atrás la inocencia resguardada por los pupitres, las mochilas y el salón de clases. De acuerdo con un estudio realizado por el economista, el doctor José Caraballo Cueto, más de 33 mil estudiantes abandonaron sus clases en las escuelas públicas, entre los años académicos 2015 al 2021.   Con esta alarmante cifra, se pudieran llenar 95 escuelas, esto con el promedio usual de 355 estudiantes. Irónicamente, la pasada administración de la acusada por corrupción y malversación de fondos a nivel federal, Julia Keleher, se dió a la tarea de cerr...

Al otro lado de la puerta.

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Me armé de valor y pasé el umbral de la puerta entreabierta. Al otro lado encontré lo que solo veía en mi imaginario.   Recibí la promesa: un abrazo caluroso y sincero. Más que eso, un beso tenue, sublime y delicado.    Y al abrir mis ojos tropiezo con su mirada. Me perdí en la inmensidad de su azul celeste. Fueron los segundos más esperados. Con toda certeza puedo decir que fueron alucinantes. No recuerdo lo que estaba a mi alrededor. Éramos solamente dos. Un recuerdo que embriaga mis sentidos y que en las noches se convierte en una realidad auditiva.  Y es que cada palabra de ese ser es como una gota del más exquisito licor preparado artesanalmente.   Su musa me embriaga con cada sorbo. Unos cien grados prueba del más ardiente y sensual de los deseos. Y e se licor lleva su nombre impreso. 

Puerto seguro.

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Es una poesía cuando navego entre las palabras de mi amado, ese susurro íntimo que me lleva a lo más sublime de la pasión.  Es como si flotara en las embravecidas aguas del azul celeste de sus ojos provocadores. Me dejé atrapar por las olas de su amor desprendido.    Ya no nado en contra de la corriente. Solo me dejo llevar.  No existe peligro. Me rescató una canoa, elaborada con el sentimiento más resistente.  La marejada la trajo hasta el arrecife que me resguardó y que fue el refugio de mi alma casi en naufragio.  No hay nada que temer. Ahora amanece y la brisa mañanera acaricia mi cabello. Levanto la vista y ahí estás. Ya llegué    a puerto seguro.

Conversación al tiempo de una gota de agua.

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Era un diálogo matutino que se desarrollaba en un  día  lluvioso, mis favoritos.  El saludo inicial fue precedido por una pregunta: “¡Qué bonito está el día! ¿Te fijaste?” De inmediato, el mensaje de texto adelantó unos puntos suspensivos. Esos que advierten que se aproxima una contestación. “Sí, es tu día. Cielo cubierto, lluvia intermitente, una hojarasca que se levanta con una brisa llevadera que pasa por la ventana.    Al otro lado, unos ojos verdes, intensos, profundos, que captan la simplicidad de la belleza.” Pero un párrafo tan hermoso no podía quedar inconcluso.  “La simplicidad de la belleza. ¿Es realmente simple? La belleza es compleja, diversa... está en cada rincón de este infinito de posibilidades. Apreciar cada instante de la vida es como seguir el recorrido de cada una de esas gotas mientras viajan a la velocidad de la luz. Al caer, esas partículas se esparcen hasta acumular pequeños charcos de agua. El agua es vida, hidrata, nutre las plant...

Cuando me encuentres en el otro lado

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“No somos eternos.” Esta era la respuesta de mi madre cada vez que conversábamos sobre el tema de la muerte. Meditábamos sobre el hecho de que las personas estan acostumbradas a celebrar la vida.  Nuestros coloquios  se hicieron repetitivos,  más en sus últimos días. Ahora que no está cerca de mi, medito más sobre el tema. Pero no con dolor, tristeza o rabia por no tenerla conmigo. Por el contrario, cuando pienso en esta posibilidad - que es la más segura que todas y todos tenemos - , me invade una gran serenidad. Y no es porque quiera adelantar mi proceso. No me refiero a eso. Imagino el momento en que camino por esa vereda con luces a los lados, la misma que una vez me describió mi madre. Siento felicidad porque veré a mis padres nuevamente y así a otros seres queridos,  que hace algún tiempo hicieron su mudanza al  plano espiritual. ¿Saben por qué me siento así? Porque tengo mucha paz en mi corazón y en mi conciencia, la que se siente cuand...

La última trinchera

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-Defender la alegría de la miseria de los miserables(...) “Defensa de la alegría”, de Mario Benedetti. La felicidad, ese estado en el que sentimos que flotamos, como una hoja en el agua tibia del té.  Así como cuando caen de los árboles y el viento las levanta para hacerlas volar.  Flotamos livianas, igual que las bailarinas en el ballet, justo en el momento del salto. Me atrevo a decir que no sentimos el piso. ¡Qué sensación tan extrema y sublime a la vez! Y así como la hoja y las bailarinas, subimos y bajamos.  Nos dejamos llevar sin pensar. Permitimos que ese aire nos acaricie las mejillas y juegue con nuestro cabello. Tal vez si la ráfaga es muy fuerte y se pone traviesa,  puede levantar el vestido que nos cubre.  Es un torbellino de pasiones, de emociones, de sentir la maravilla de la naturaleza. Esa que llamamos amor. Como el día en que abrimos los ojos por primera vez y nos encontramos con la mirada dulce de nuestra madre....