Un crimen de lesa humanidad.
Crecer, la idea de una inocencia que imagina el momento de una independencia lejos del nido familiar. En mi niñez, en una de tantas conversaciones y debates con mis amigos imaginarios y los juguetes que colocaba en círculo conmigo en medio, les hablaba de ese momento: ser grande. En esos coloquios, siempre estuvo Laura, la amiga que solo yo veía. Mi mente siempre viajaba en el tiempo y con mi inocencia, pensaba que tendría una gran familia y hasta nietos. Pero en ese escenario no faltaban mis inmortales. "Ahí estarán, papi y mami son eternos." Cuando rezaba en las noches, momento que compartía con mi mamita, mi primera petición era "Papá Dios, cuida a mis papás, que no se mueran ni se enfermen." Mi madre acariciaba mi frente, me persignaba y me daba mi beso de buenas noches. Mi infancia fue privilegiada. La vida me premió con la mejor familia. Si les pedía las nubes, mi papá hacía lo que fuera para concederme ese deseo. Estoy segura que hubiese buscado la forma...