Cruzar el Niágara sin saber nadar
Son muchas las circunstancias que cambian cuando la desilusión viene acompañada de tristeza. Se abre la puerta de la realidad, aquella que se mantenía a un centímetro de cerrarse. Nos paramos frente a la entrada y con un ojo cerrado, nos acercamos poco a poco. Como cuando éramos niños y creíamos que en la oscuridad habitaban monstruos. La falta de luz impide que podamos ver más allá. Y es que no nos percatamos de lo que ocurre alrededor. Evadimos a nuestros seres queridos, nuestras amistades. Sí, esas personas que no podemos engañar, pues nos conocen hasta los respiros. Sonreímos de medio lado, en forma de un cuarto de media luna. ¿Sabes por qué? No queremos entender que las nubes que se pensaban cerca, ya no están. Que el cielo que se miraba todos los días se cayó con todo y estrellas. Momentos inesperados, incontrolables, pero necesarios para crecer, por más dolorosos y desgarradores. No obstante, el paso del tiempo hará que la neblina se d...