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Mostrando las entradas de noviembre, 2020

Al otro lado de la puerta.

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Me armé de valor y pasé el umbral de la puerta entreabierta. Al otro lado encontré lo que solo veía en mi imaginario.   Recibí la promesa: un abrazo caluroso y sincero. Más que eso, un beso tenue, sublime y delicado.    Y al abrir mis ojos tropiezo con su mirada. Me perdí en la inmensidad de su azul celeste. Fueron los segundos más esperados. Con toda certeza puedo decir que fueron alucinantes. No recuerdo lo que estaba a mi alrededor. Éramos solamente dos. Un recuerdo que embriaga mis sentidos y que en las noches se convierte en una realidad auditiva.  Y es que cada palabra de ese ser es como una gota del más exquisito licor preparado artesanalmente.   Su musa me embriaga con cada sorbo. Unos cien grados prueba del más ardiente y sensual de los deseos. Y e se licor lleva su nombre impreso. 

Puerto seguro.

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Es una poesía cuando navego entre las palabras de mi amado, ese susurro íntimo que me lleva a lo más sublime de la pasión.  Es como si flotara en las embravecidas aguas del azul celeste de sus ojos provocadores. Me dejé atrapar por las olas de su amor desprendido.    Ya no nado en contra de la corriente. Solo me dejo llevar.  No existe peligro. Me rescató una canoa, elaborada con el sentimiento más resistente.  La marejada la trajo hasta el arrecife que me resguardó y que fue el refugio de mi alma casi en naufragio.  No hay nada que temer. Ahora amanece y la brisa mañanera acaricia mi cabello. Levanto la vista y ahí estás. Ya llegué    a puerto seguro.