Conversación al tiempo de una gota de agua.

Era un diálogo matutino que se desarrollaba en un día  lluvioso, mis favoritos. 


El saludo inicial fue precedido por una pregunta: “¡Qué bonito está el día! ¿Te fijaste?”


De inmediato, el mensaje de texto adelantó unos puntos suspensivos. Esos que advierten que se aproxima una contestación.


“Sí, es tu día. Cielo cubierto, lluvia intermitente, una hojarasca que se levanta con una brisa llevadera que pasa por la ventana.  Al otro lado, unos ojos verdes, intensos, profundos, que captan la simplicidad de la belleza.”


Pero un párrafo tan hermoso no podía quedar inconcluso. 


“La simplicidad de la belleza. ¿Es realmente simple? La belleza es compleja, diversa... está en cada rincón de este infinito de posibilidades.


Apreciar cada instante de la vida es como seguir el recorrido de cada una de esas gotas mientras viajan a la velocidad de la luz. Al caer, esas partículas se esparcen hasta acumular pequeños charcos de agua.


El agua es vida, hidrata, nutre las plantas, refresca el ambiente, disminuye la intensidad del calor. Igual que un paseo de emociones.


Es tan corta su vida, pero tan extensa a la vez. Una gota de agua. ¡Qué maravillosa simpleza en una infinita complejidad!”


Y así culminó una de tantas conversaciones  inspiradas, curiosas, que retan a la más ingeniosa de las musas. 




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