La de una vez en la vida.
"Si
me matan, sacaré los brazos de la tumba y seré más fuerte.", fue la
advertencia de Minerva Mirabal, una de las valientes Mariposas a la amenaza de
quien pedía su cabeza. Y es que el dictador dominicano Rafael Leónidas
Trujillo, había puesto la mira sobre todo aquel que liderara un movimiento
que pudiera derrocarlo. Ya era un secreto a voces. Grupos de resistencia se
organizaban para rebelarse en contra del régimen. Y en las primeras líneas
estaban las Mirabal.
A pesar de la persecución, Minerva y sus hermanas Patria y María Teresa
se mantuvieron firmes. Sus principios, temple y gallardía fueron más fuertes
que la persecución de la época. Su valor trascendió el plano terrenal.
Y
así se cumplió la orden de Trujillo. El 25 de noviembre de 1960, el
cuerpo de Minerva apareció destrozado en el interior de un Jeep, que
fue lanzado por una pendiente. Junto a ella se encontraban Patria, María
Teresa y el conductor del vehículo, Rufino de la Cruz.
No
obstante, las palabras de Minerva fueron proféticas. El asesinato de las
hermanas fue seguido por el fin del régimen trujillista. Precisamente esa fue
la misión de las Mariposas: terminar con un sistema plagado de odio, discrimen,
abuso, intolerancia y que servía a los más burdos intereses.
Eduardo
Galeano dijo en su libro ‘Espejos’ que: “Cada cual nace donde debe nacer, para
hacer lo que debe hacer. En tu cuna está tu tumba. Tu origen es el destino. Tu
vida es la recompensa o el castigo que merecen tus vidas anteriores, y la
herencia dicta tu lugar y tu función.”
Los
seres especiales llegan con una misión. Algunos lo descubren en el trayecto y
a otros el trayecto los descubre a ellos. No existen casualidades, pero
si causalidades. Nada es eterno, todo tiene un principio, un fin y propósito.
Así
como las Mirabal, muchas mujeres hemos tenido que abrir brechas en caminos
duros, llenos de escombros que, en ocasiones nos hacen chocar con la
realidad. Son pruebas que la vida nos pone para enfrentarlas y
superarlas, no para sucumbir con ellas.
El
momento pasa una sola vez, no dos. Por eso, cuando la historia nos llama
debemos estar preparadas para decir presente, estoy lista.
En
la vida debemos dejar huellas, no cicatrices. Porque la vida llega a ser dura
para los que hacen caso omiso a la ley universal: “lo que aquí se hace, aquí se
paga.”
Nada
más cierto. Hagamos el bien, ayudemos, colaboremos para crear un mejor País
para las nuevas generaciones. Demos ideas y propuestas. No críticas y
envidias mal sanas.
Dejemos un sabor dulce en la boca y en la memoria de
quienes hablan y nos recuerdan. Y más de aquellos que se cruzaron en nuestro
andar. Yo cumpliré con lo que me inculcó mi madre: “Natalia, no seas una
en un millón. Se
la de una vez en la vida.”

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