La luz de la libertad

Encuentras luz cuando redescubres la libertad. La que se mantiene tenue cuando entregas todo. Dejas de ser tuyo para complementar la vida de otro.

Cuando la misión se cumple, retomamos las riendas y reiniciamos otra etapa. Pero siempre con la misma sinceridad y nobleza. Aunque más juiciosos por la lección aprendida.

Los viajes se convierten en una reconciliación con el yo interior. Los paisajes se aprecian distintos, aunque hayas estado en ese lugar cientos de veces. Revalorizamos la inmensidad del cielo y ese calor que nos regala el Sr. Sol. Las noches se tornan igualmente mágicas, pues admiramos a la Sra. Luna cuando nos hipnotiza con toda su majestuosidad.

Los colores de la naturaleza se asemejan a las pinceladas, perfectamente trazadas por el gran artista, el que nadie ve pero que se siente a cada instante. El aroma de las flores y los detalles de cada uno de sus pétalos. Y así, igualmente hermoso es el cántico de las aves. Para mí, el de un par de reinitas que diariamente me regalan una visita. 

El pasado se piensa con amor, pues las madrugadas parecían un gran concierto. Siempre recordaré la comunicación entre dos pajarillos. Ambos se posaban en un árbol cercano y se escuchaba algo así: "Mi amor, te quiero. ¿A quién? A ti."

Cada instante fue mágico, intenso y especial. Y así debe permanecer en la memoria. Todo fue un complemento, una gran prueba. Pasan unas cosas para que sucedan otras. Como las olas del mar, que van y vienen. Llegan alegrías y se van tristezas y al revés.

Los buenos sentimientos no cambian, evolucionan y se afianzan como la hiedra. Es la vida, este gran libro repleto de enseñanzas, lecciones y pruebas. Al terminar un capítulo se repasa cada una de las páginas, para dar paso al próximo.

Las experiencias se quedan, pues se aprende, se crece. Se siente una gran satisfacción cuando sabemos que nuestra entrega fue genuina y desinteresada. Solo hacer feliz al otro. Y es que el corazón jamás se arrepentirá, cuando todo el esmero se hizo a conciencia.  

La vida es como la gran masa de agua salada, con su movimiento continuo, colocando todo en su lugar. Con cada ola nos renovamos, igual que los granos en la arena cuando se incorporan en esa corriente. Se alejan unos pero llegan otros. Así de intensa, complicada y extraordinaria es esta aventura que llamamos vida. La que me enorgullece sentir, porque es un milagro. Cada día distinto y misterioso porque se desconoce lo que traerá. Por eso es un gran obsequio. 

Mi trayecto lo comparo con los caminos de la finca de mis padres. Aquellas cientos de cuerdas que caminé y disfruté en mi niñez. Con sus vueltas, barrancos, empinadas y bajadas. Mi primer gran escenario de vida.

Los recuerdos no deben frenar nuestro caminar. El paso debe continuar, sin perder el ritmo. Ese que nos hace sentir vivos y que impulsa cada bombeo de este extraordinario órgano que se llama corazón.

Cuando damos amor, recibimos amor. Cada sentimiento noble y genuino será devuelto. Tal vez no sea inmediatamente, pero llegará. Lo importante es continuar la caminata con la misma intensidad y curiosidad que inició. Hasta que lleguemos al final, a la gran meta. El momento que muchos temen, el inevitable. 

Nadie sabe el día, la hora o el momento. Pero cuando suceda, lo que de seguro llevaremos bajo el brazo será nuestro gran libro. El mismo que redactamos todos los días y entregaremos al completar la misión. Será un momento maravilloso, pues nos reencontraremos con los seres que impulsaron nuestros primeros pasos y que nos alumbrarán con la luz de la libertad.


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