Te miro desde arriba

A veces miro al cielo e imagino que estás allá, observándome con tus ojos curiosos, negros e intrigantes.

Recuerdo que cuando nuestras miradas se cruzaban, no había necesidad de pronunciar palabras. Bastaba una guiñada, una sonrisa de medio lado o nuestro pestañeo especial. Ese que entendíamos las dos.

Con mirarte,  sabía si estabas contenta, molesta, triste o preocupada. Quise hacer de tu vida una feliz, sin problemas. Te di un amor infinito, incondicional, eterno, así como el que me brindaste en mi crianza a manos llenas.

Cuando pequeña, te veía como mi heroína, más valiente que un personaje de una historieta de Marvel.

Imaginaba, en mi mente fértil, que volábamos a otro lugar en un Pegaso. Siempre terminábamos con un final feliz. Pero levanto la vista y no estás. Tampoco siento ese olor tan tuyo que me encantaba. Un aroma dulce, suave, delicado. A rosas como tu nombre.

Ese calorcito especial de tus brazos cuando me acuñaban y me hacían sentir la niña más segura del Universo. Recuerdo cuando, entre  tantas de mis caídas me levantabas y me cantabas Cielito Lindo, esa canción mejicana, del país que te enamoró cuando lo visitaste. Y claro lo adaptabas para mí.


Ay, ay, ay, ay, canta y no llores
Porque cantando se alegran
Cielito lindo los corazones
De la sierra, morena
Cielito lindo vienen bajando
Un par de ojitos 'verdes'
Cielito lindo de contrabando.

Era mágico, porque olvidaba el dolor al momento.

Los días pasan y aún siento que debo ir a tu lado. Agarro el teléfono para llamarte. Confieso que me niego a borrar ese número que  aún te identifica como "Mamita".

Tantas cosas han pasado desde que no estás y que no puedo contarte. Pero que ya las sabes. Cuántos consejos me hubieses dado, cuantos regaños y los más célebres: "te lo dije Nati".

Actúo de la manera que me inculcaste, pero todavía sigo siendo contestona y confiada. Demasiado diría yo.

He pasado infinidad de decepciones. Dolorosamente conocí, porque  me tocó muy cerca el significado de la palabra interés, usar, humillar, desechar. Para tu orgullo no fue de mi parte. Sabes que no podría. Eso no me lo inculcaste, no me educaste así.

Sabes, se siente horrible. Es devastador. No existen palabras para describirlo. Más cuando viene de personas a las que le abres el corazón y tu vida.

Jamás el fin justifica los medios. Llevo como un carimbo tus frases: "no hagas a otro lo que no te gusta que te hagan a ti". Sabes, se siente peor que un puñal clavado en el pecho, igual que aquel plomazo rastrero.

Pero no hay nada oculto en esta vida, la misma que se encargará de hacer justicia. Sabes que no moveré un dedo para vengarme, mi conciencia no me lo permitiría.

Sigo nadando contra la corriente, tratando de lograr imposibles. Pero todo tiene su tiempo, propósito y espacio. Nada ocurre por casualidad.

He tenido mis aciertos y desaciertos. Y seguiré. No tengo remedio.

Sé que te sientes orgullosa porque sigo al pie de la letra lo que me enseñaste. En esos momentos íntimos de conspiración madre e hija, justo cuando me arropabas. Y esas conversaciones morirán conmigo. Identificaste bien.

No me adelantaré y esperaré con paciencia lo que el destino me tenga reservado.

No más piedras a la Luna, ni gastar energías en imaginarios que no valen la pena.

Sigo creyendo en la humanidad Mamita, ¡pero como cuesta! Sé que equivocarse es de humanos, pero es duro ver cómo lo hacen conmigo.

Te admito que sigo igual de terca e intento que las cosas salgan como quiero. Pero, no siempre es así. "Ya aprenderás", parece que te escucho cuando insisto. Y aún en esta etapa de madurez sigo sin remedio.

Todavía tengo que aprender mucho. Pero conoces mis mecanismos de defensa, los sigo aplicando implacable. Sabes que es inconsciente y que no olvido. En eso no cambiaré jamás.

Algún día nos encontraremos y reiremos. Nos tomaremos de las manos y acostadas una al lado de la otra,  nos daremos ese amor que todavía siento en mi pecho. Continuará la complicidad, las miradas y las risas interminables.

Soy tu obra y cómo se me infla el pecho cuando me dicen: "eres igualita a ella."

No me acostumbro. Pienso que tardaré o mejor dicho, nunca lo haré.  Sabes que soy terca. Pero poco a poco.

Pero me hace feliz sentir que sigues protegiéndome. Estoy segura que me dices, no te preocupes y ocúpate, porque yo "te miro desde arriba".

Comentarios

  1. ¡Muy bien,Natalia! Esa carta a tu Mamita ausente fue terapéutica para tu nostalgia. Me encanta cómo describes los momentos íntimos, los de sus "conspiraciones visuales", los inolvidables.
    Te felicito y también te emplazo a que nos sigas deleitando con más relatos como ese, desde el corazón...

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Gracias Compa!!! Qué orgullosa me siento de tus comentarios!! Gracias 😊

      Borrar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

Cuando me encuentres en el otro lado

Conversación al tiempo de una gota de agua.

Los juegos sucios siempre se pagan.