Las marcas del tiempo

Sus canas son reflejo del paso del tiempo.  Sus arrugas son las marcas plasmadas,  en un rostro que no deja de sonreír.

Su mirada pensativa,  sus cejas abultadas que caen sobre unos ojos ávidos de ver el mundo,  más allá de los barrotes y del espacio limitado en donde puede estirar un poco las piernas.  Ese lugar frío y lejano llamado Terre Haute, en Indiana.

Pero esos barrotes no son impedimento para que su sabiduría trascienda esos muros,  que intentan alejarlo de los suyos.  De su única hija Clarisa y su nieta Karina.

Son muchos años,  35 para ser exacta. Demasiados para un hombre cuyo pecado es amar a su país. Pero esta frase es para los carceleros y quienes no comprenden su sacrificio. Porque no existe pecado cuando se ama de verdad. Y es que la extensión del sentimiento patrio lo conoce quien lo vive a plenitud.  Solo un ser especial como Oscar López Rivera lo puede llevar a cabo.

No hay excusa,  no existe justificación válida para que permanezca un día más lejos de su Patria,  de su gente, de los suyos.  Los mismos que lo esperan con los brazos abiertos de par en par.  Con la esperanza de poder arrullarlo en regazos  amorosos.  Todos  repletos de un cariño genuino, con el  que pretenden devolver lo mismo que Oscar brinda todos los días de su vida.

Sin embargo,  el tiempo no ha podido amilanar sus ganas de vivir,  de aportar ideas para el País por el que ya dio tanto.  A pesar de ello,  continúa luchando detrás del hierro frío y de los muros de concreto de aquella prisión estadounidense.

Son pocos los privilegiados que han viajado largas horas,  entre el avión y el auto,  para poder verlo.  Los que han pasado cada una de las puertas de seguridad,  coinciden en que el trayecto recorrido valió la pena. Porque al final los espera un hombre de estatura pequeña,  de semblante pasivo y de sonrisa amplia.

No existe sacrificio que se compare al que hace y continúa haciendo Oscar.  Por mi parte,  colaboraré en lo poco o mucho que pueda hacer. Aunque no existe lucha pequeña si se hace con el corazón. Eso me inculcó mi madre Rosita.
Cabe destacar,  que Oscar  desea salir de esa cárcel en Indiana,  siempre lo ha expresado. Más cuando afuera lo esperan sus dos tesoros.  Pero desde el 2011,  el Departamento de Justicia de Estados Unidos retiene la solicitud de clemencia.  Dicen que está “en revisión”.
De no aceptarse, López Rivera tendría que esperar hasta el 2023 para salir en libertad bajo palabra.  Para entonces,  Oscar tendría 80 años.  Aunque cuida su dieta,  hace ejercicios,  el tiempo es su peor enemigo. Pues no tiene misericordia. 
Oscar merece estar en su Patria,  en su San Sebastián amado, entre los suyos.  Con su gente y porque no,  con  los que también hemos esperado muchos años para poder compartir esa sabiduría,  amor desprendido,  sonrisa amplia y solidaria,  que solo unos pocos privilegiados han presenciado.  
Es hora que regrese a casa.  Ya es tiempo.


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