Círculo

El tiempo pasa y no pasa.  No es una contradicción lo que digo.  Cuando se quiere y ama de verdad,  el universo conspira y hace una pausa en el espacio.

Hace que el reencuentro se convierta en una continuación de la última conversación,  de las paveras interminables,  de la complicidad.

Es esa hermandad que se fortalece a medida que las manecillas del reloj avanzan.  En nuestro caso,  es como si giraran al revés. 

La niñez fue la época dulce del encuentro.  Primero llegó Madelyn.  Mi compinche de juegos,  de inocentes maldades,  de risas.  Luego,  el señor tiempo conspiró y llegó Esmeralda.  La que completaría el triángulo que se transformó en círculo. Porque así es nuestra amistad, un punto que gira y no tiene final. 

No sabría cómo explicarlo, pero nuestra conexión es especial.  Lo digo con toda certeza,  nuestras mentes están conectadas.  Es como si el cosmos hubiese trazado un hilo conductor entre las tres,  para no separarnos jamás.

Y es que siempre llegan dos cuando una necesita o una cuando dos se quebrantan.  Es entonces cuando las tres nos convertimos en una.  Nuestra alegría,  tristeza,  dolor,  desesperación,  triunfos y por qué no,  las peores situaciones son compartidas.

Así es nuestra hermandad,  porque ya rebasó los límites de la amistad.  Y así el círculo continuará su órbita. 360 grados sin fin,  sin pausa.  Es el movimiento continuo y eterno del cariño, del amor.  Ese que llamamos el verdadero.

Porque así son mis amigas: genuinas, amorosas, bondadosas, leales, graciosas,  hermosas, solidarias.

La vida nos unió y así será hasta el último día de nuestra existencia.  Porque damos fe que somos Tres Mosqueteras. Y ya hicimos nuestra la frase: “¡todas para una y una para todas!”.

*Dedicado a mis mejores amigas y hermanas de toda la vida: Madelyn y Esmeralda.

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